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Me han regalado rosas con la intención de pincharme el corazón, me han dedicado poemas sabiendo que terminaría mal y yo odiaría a esos acertados poetas, me han prometido «para siempre» con relojes en la mano y me llamaron cielo con los pies echando raíces en el suelo.Dicen que tengo el espíritu de ”guerrera“, yo digo que lo tengo de sobreviviente y por eso no he renunciado a mis últimos respiros, esos que confundí tantas veces con suspiros y entregué al primero que hiciera brotar flores en mi estómago.Aferrada a seguir, a tener la estaca en el pecho y la mirada anhelante.Por esto, por mi incapacidad de abandonar es que me han crecido espinas en mi músculo cardíaco, que tengo una relación amor-odio con tantos letrados, que he roto las manecillas del reloj y llego tarde a todas partes, que sintiéndome cielo preferí quedarme en el mar, ese que se forma cuando recordándome humana me ahogo en llanto, por lo que tengo y por lo que perdí.
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— María Celeste<p></p></p>